Relatos de otoño: episodio III

Rodolfo Gutiérrez se suma hoy con un nuevo relato para estas tardes otoñales de cuarentena. Él es Periodista, Conductor de Radio, apasionado de la comunicación en todas sus formas, ex vecino patagónico, y actualmente reside en Punta Alta Buenos Aires.

El futuro retroactivo.

Hubo un disco de Soda Stereo, algo distinto a lo que venían haciendo. Era 1992 y el trío argentino estrenaba su flamante producción, denominada Dynamo y que sorprendió al público habituado a las producciones, algo más rockeras en los 80, del grupo liderado por Gustavo Cerati. Algunos se animaron a cuestionar la calidad de aquel disco. Pero esa es otra cuestión que no viene al caso. En ese disco una de sus canciones más conocidas fue Primavera 0, que contenía una frase en la letra que siempre me quedó en la mente. Recuerdos del futuro juntos.

En general uno tiende a rememorar, a recordar y repasar momentos de la vida que por alguna razón queda flotando en nuestra memoria, algunos son agradables y otros malos, pero están ahí siempre latentes. Existe también la nostalgia de algún futuro que no fue, eso que quedó trunco, que nos persigue y nos atrapa para recordarnos eso que sucedió a medias. Un futuro que quedó sin completarse, nadando entre cavilaciones, o por el devenir de la vida, por modificaciones en nuestras convicciones y elecciones del momento. El tiempo luego va ordenando cada cosa en su lugar, y entonces nos pone frente a nosotros oportunidades que perdimos, situaciones que elegimos el otro camino. Pero no siempre es negativo, porque también nos muestra las buenas opciones que tomamos en ese momento crucial, y eso nos da paz, nos tranquiliza.

Entonces pensé en cómo vemos el futuro en distintas etapas de la vida. Es un lugar común la idea que a los 15 tenemos toda la vida por delante. Y es así, pero ese mundo por delante es incierto, no tenemos iluminados todos los caminos, y a veces se torna un laberinto. A los 30 cambia nuestra percepción, somos otras personas, más seguras -no siempre-, en muchos casos con alguna carrera elegida y terminada, somos alguien en la vida, pero mantenemos incertidumbres para el futuro. La experiencia y lo que fuimos viendo nos indica que el futuro se pone más previsible, pero menos cómodo, con nuevas y diferentes responsabilidades. Hay quienes a los 30 siguen navegando entre decisiones no tomadas, especialmente en la búsqueda del desarrollo propio, tratando de responder una pregunta simple ¿Para qué soy bueno?, ¿Eso me da un medio de vida? ¿Qué será de mí el resto de mi vida?

A los 45 años gran parte de la gente se ha desarrollado en alguna actividad, ya sea comercial, judicial, periodística o la que sea. Ha conformado una familia, o dos. Cabe la posibilidad de haberse divorciado. Tuvo hijos y ya la preocupación por el futuro vuelve a cambiar y la pregunta muta a ¿Qué les dejo a mis hijos? ¿Seré un buen padre, les habré dado las herramientas correctas? ¿Qué será de este bendito país?

Y así va la vida, los años toman velocidad con el paso del tiempo, nos da la sensación que los minutos duran menos de sesenta segundos, como si nos estafaran año tras año y cuando caemos en la cuenta ya comenzamos a tomar la última curva. Con fe, sin miedos ya pero sabiendo que vivimos más de lo que nos queda por vivir, sin perder el hambre por lograr objetivos. Para los que vienen detrás. Nos encuentra a veces recordando también las buenas decisiones que fuimos tomando, y también esa nostalgia de futuro retroactivo, recuerdos de los que en ese momento era futuro. Cada uno sabrá si añora algún futuro trunco, si eligió el otro camino cuando la ruta de la vida presentó dos opciones.

Más relatos de Rodolfo Gutiérrez en rodolfogutierrez.online

¡Gracias Rodolfo por compartir tus reflexiones!

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Relatos de otoño: episodio II

En esta segunda entrega de "Relatos de otoño", abrimos el juego para conocer otras historias de amigos y colegas patagónicos. Hoy tenemos el placer de compartir el relato de Carlos Garsés, Periodista de oficio, pero amante de la palabra en todas sus formas desde muy pequeño, y por supuesto un gran amigo de la casa.

Parece que reprimir las sensaciones más naturales del ser humano está bien visto. Hay que ser políticamente correcto, decir lo que de uno esperan escuchar, en fin, aplicar para los estándares de nuestra sociedad.

A veces olvido que dentro mío anida ese rebelde que se niega a aceptar a pie juntillas la imposición social.

Y a veces, solo a veces, una frase, un gesto, un alófono, basta para recordarme el camino.

El último fin de semana, Espacio Efe inauguró lo que denominó como “Relatos de otoño”.

Un lugar en el que se permite sentir más allá de las frías coyunturas actuales y dispara un desafío de los que valen la pena asumir. En este segundo episodio, fuimos invitados a reflexionar y con todo gusto “paramos el reloj de lo habitual” y nos dedicamos a desempolvar el “baúl de los recuerdos” (vale parafrasear a uno de mis mentores y amigos, José Antonio Martinez).

La consigna fue clara: elegir una palabra como disparador de mi reflexión.

Yo elegí “mamá”.

Mamá: Vos y tu voz 

Con seguridad las historias de cocina definen la infancia de gran parte de nuestra generación. Yo no soy la excepción.

Sin embargo, en la cocina de mi hogar de niño además de sabores agradables también los sonidos tenían fuerte protagonismo.

A mamá le gustaba cantar. En casa siempre había música. Ella siempre cantaba.

Hace poco hubiese cumplido años. Y en pocos días más recordaremos otro aniversario de su partida.

Siento que no me quedaron cosas pendientes con ella aunque, claro, me encantaría tenerla aún conmigo para compartir mis logros y mis desaciertos.

Pero sí hay algo que me preocupa de no contar -hace 18 años ya- con su presencia física: y eso es olvidar el sonido de su voz.

La última frase que me dijo fue: “quiero cantar”. Y esa frase me acompaña cada vez que vuelvo a escuchar las canciones que ella cantaba.

Luchó como pocos para que su familia fuese feliz. Y sé que desde donde está, nos mira con satisfacción al confirmar que todo el esfuerzo valió la pena.

Con su voz aconsejó a cada uno de sus cinco hijos frente a las vicisitudes de la vida.

Por su voz pasaron frases sobre el amor, la valentía, la perseverancia, la alegría, la rebeldía, la pasión, pero también supo acuñar los mejores consejos sobre el dolor, la pérdida, el desengaño, la traición.

Con su voz, todos los viernes hablaba por teléfono con una de sus hijas para ver cómo había sido su semana y si sus nietos la irían a visitar y con la misma intensidad con la que hablaba, vivía.

“No me arrepiento de nada de lo hecho porque cada acción me trajo hacía ustedes” recuerdo que me dijo alguna vez. Y trato de vivir según esa frase, porque lo mismo siento para con mis hijos.

Claro, como el más chico, fui quien conoció otra versión de Mirta. Y es de ella de quien saco las fuerzas para seguir pese a las adversidades pero también la alegría para saber que lo bueno de la vida es efímero, viene en pocas dosis, y no tiene nada que ver con lo material.

Ella, con su voz, su cariño, su entrega, me enseñó la diferencia entre casa y hogar.

Pero más allá de esta pequeña ventana a mi interior, quiero invitar a quien lea estas líneas a pensar en la importancia que en nuestra sociedad tiene el sonido de la voz.

Desde la de nuestra madre, probablemente la primera que oímos al nacer, hasta aquella que construye nuestros días: una pareja, los hijos, los amigos, compañeros de trabajo, voces en la radio, etc.

Creo, ahora referenciado en la realidad actual, que la voz será la tercera revolución en lo digital. Lo creo, de verdad.

Y abrigo la esperanza (interna/eterna) de que no solo no olvidaré la voz de mamá sino que algún día la volveré a oír.

Otoño por Carlos Garsés

Turismo: se viene el pasaporte sanitario

Se avecina una luz de esperanza para los apasionados por viajar. Con una nueva forma de ver la prevención sanitaria en el mundo tras la aparición del Covid-19 en nuestras vidas, la Organización Mundial del Turismo (OMT) ya está trabajando en diferentes estrategias para reflotar la actividad.

Los protocolos preventivos se van instalando poco a poco en nuestra rutina, y el sector turístico lo empieza a desarrollar como una forma de adaptarse a la situación en cada servicio que ofrece.

De este modo, la OMT está desarrollando un pasaporte de salud que los pasajeros deberán mostrar en los aeropuertos antes de embarcar. La idea surgió en España con la propuesta de una  “HI+Card”. La iniciativa sugiere que cada pasajero vaya antes de viajar a un laboratorio donde le certifiquen que no tiene covid-19. Luego los institutos de salud subirán la información a una plataforma con red de blockchain, a la que estarán conectados. Así lo explicaba Natalia Bayona, experta en innovación y transformación digital de la OMT.

Así, al comprar un pasaje se requerirá también este certificado como documentación necesaria, el cual sincronizará la información del pasajero con la plataforma de la red digital donde los institutos de salud van a estar conectados. El certificado deberá emitirse 10 días antes del viaje.

A través de una aplicación para celular, el pasajero recibirá su boarding pass digital, que deberá presentar en el aeropuerto, evitando de este modo tener que pasar por los controles de salud que les harán a otros pasajeros y así evitar filas multitudinarias. En una siguiente instancia, el plan se extenderá a otros medios con fronteras terrestres y también marítimas, como cruceros.

La buena noticia es que ya se están realizando pruebas piloto de la iniciativa en las Islas Canarias e Ibiza. Se plantea así una apertura de fronteras coordinada y con responsabilidad a nivel mundial. De prosperar la prueba piloto, será de fácil implementación en el resto del mundo.

Será cuestión de esperar un poco más, y sumarse a la responsabilidad consciente, para poder seguir disfrutando de nuevas aventuras por el mundo. ¿Ya sabés a dónde irás?